Pero no sólo importan las cifras. En la Escuela de Opositores se trabaja muy duro por proporcionar al alumno un valor añadido a través de la empatía, el servicio y la colaboración. Es por ello que, los casos de éxito de nuestros alumnos, son los nuestros también.
Francisco Javier Carro Garrido, ex alumno de la Escuela de Opositores del IFC y uno de los alumnos que ha logrado una plaza en la última convocatoria al cuerpo de Arquitectos de la Comunidad de Madrid, nos cuenta su experiencia con nosotros.
¿Cómo conociste la Escuela de Opositores?
Lo cierto fue que me apunté antes a la Oposición. Una vez inscrito, cuando empecé a estudiar, me di cuenta que toda ayuda sería buena, además no quería empezar la oposición con menos oportunidades que el resto de opositores.
Busqué academias y al final lo que más me convenció fue el curso que ofrecía el COAM.
Háblanos un poco de tu etapa como alumno. ¿Cuánto tiempo estuviste con nosotros? ¿Qué fue lo que más te gustó del día a día siendo parte de la Escuela? ¿Y lo que fue más difícil?
Mi etapa como alumno entiendo que no diferirá del resto de opositores. Fue una pequeña montaña rusa de emociones, había días en los que estaba muy motivado y otros donde tenía que buscar esas ganas donde fuera.
La verdad que la forma en cómo se programó el curso me ayudó a poder enfrentarlo y encontrar dicha motivación.
Estuve alrededor de 2 años y medio:
Los primeros meses dábamos de 4 a 8 temas por semana, lo que me suponía estudiar a contrarreloj para poder leerlos e ir preparado a las clases para que fueran lo más productivas posible. Desde mi punto de vista, la alta formación y especialización de los profesores en cada uno de los temas simplemente era algo que no podía dejar escapar.
Esa sensación de intranquilidad que te da el pensar que no vas a llegar me permitió empezar desde un principio con mucha intensidad y mantenerla durante los primeros meses. Por inercia la mantuve hasta que hice el primer examen y ya aprobado estaba claro que no podía parar.
Yo creo que esa fue la clave y lo que más valoro de la Escuela, en todo momento tenía esa sensación de que cada hora contaba y que no podía perderla, incluso durante la realización del examen y hasta que salían las notas, conseguían mantener el ritmo con ejercicios y trabajos que teníamos que hacer para poder enfrentar el próximo examen de la
mejor manera posible.
Lo más difícil fue la incertidumbre. Justo la oposición que me estaba preparando se prolongó el doble de lo que suele durar por problemas como el COVID. De ese modo, los tiempos entre exámenes y hasta que recibíamos noticias se nos hacía interminable.
El tener los últimos exámenes con profesores que habían pasado por una situación similar y que nos entendían, nos ayudaba a relativizar y a seguir por el objetivo, que en definitiva era conseguir la plaza.
¿Qué consejo le darías a los alumnos que empiezan su formación con nosotros?
No sé si soy el oportuno para dar ningún consejo, creo que cada opositor debe conocerse, no engañarse y buscar su propia estrategia para poder conseguir la plaza.
Pero sí que me gustaría comentar un consejo que me dio una antigua profesora, que fue: “El Tribunal está deseando aprobarte y terminar el proceso, son personas como tú que han estado en tu misma situación, solo dale razones para que sepan que esa plaza es tuya”
Ahora que lo veo con perspectiva, no podría decir que fue exactamente lo que me ayudó a mí personalmente, pero lo que sí que tengo claro es que iba al examen tranquilo, en lo que me permitía una situación tan hostil como te puedes imaginar, sabiendo que había hecho todo lo que había podido.
¿Cómo fue el trabajo con tus tutores?
Las tutorías que tuve comenzaron con el segundo examen, eran clases más reducidas y eso nos permitía preguntar dudas y directamente pedir consejos de forma más cercana.
Muchas veces la sensación que tenía era que todo consejo sería bueno, al tiempo me di cuenta que todos los tutores me decían lo mismo, y es que es un trabajo personal donde no hay una fórmula de éxito.
Una vez lo entendí, el trabajo con los tutores fue más productivo, nos ayudaban a estudiar todos los temas por igual y enfrentarnos al examen desde una perspectiva más personal.
Al final, los últimos dos exámenes eran escritos pero leídos ante el Tribunal y cada opositor tenía unas capacidades completamente distintas al resto, que eran desde escribir más rápido a una mejor o peor redacción.
Las tutorías me ayudaron mucho a poner en voz esas dudas y conocerme a mí mismo, los tutores me decían si me habían entendido, si me había quedado corto o incluso si les había aburrido.
Está claro que el tener un arquitecto funcionario que conocía el tema, y me escuchaba leerlo, era diferencial para saber si iba por buen camino o si tenía que ir pivotando para el próximo día hacerlo mejor.
