Hay muchas definiciones para BIM, pero la que el experto en arquitectura y tecnología José Luis Rodríguez considera más acertada es la de la norma ISO 19650, “el uso de una representación digital compartida de un activo construido, para facilitar los procesos de diseño, construcción y operación, y proporcionar una base confiable para la toma de decisiones”. Actualmente se ha posicionado como una metodología que, como consecuencia de la mejora de procesos, eficiencia y transparencia de la información en los proyectos, promueve la sostenibilidad. Además, ha sido adoptada por diversos países e instituciones y poco a poco se impone su obligatoriedad en licitaciones públicas. Por eso, desde el IFC queremos dejarte sin excusas para formarte en ella.
Por eso, hemos desarrollado un nuevo itinerario basado en formaciones de corta duración, precios asequibles y contenidos diseñados y dirigidos a roles y perfiles muy concretos. Apuesta por una formación continua, actualizada y personalizada mediante sinergias con diferentes entidades, organismos o referentes. Lo que traducimos en una formación #sinexcusas. Los diferentes cursos que conforman el itinerario, irán planificándose a lo largo de este año 2022, siendo los primeros en realizarse, aquellos correspondientes a los niveles más básicos, pero se pueden hacer en un orden diferente al establecido. “No existe un orden más que el cronológico, que afecta a la complejidad de los conceptos y herramientas mostradas. Además, se ajustan a los perfiles profesionales y actividades tan diversas que existen en el sector”, asegura Rodríguez.
Los beneficios de formarse en BIM son múltiples. “Y afectan a todo el sector AECO”, apunta. “Para cualquier agente involucrado, incluyendo al cliente, mejoran la comunicación al trabajar con modelos tridimensionales. Son más fáciles de entender que los planos, e incluso se pueden ‘visitar’ antes de haber iniciado las obras. Para los arquitectos y diseñadores de proyectos, por ejemplo, mejoran los tiempos de proceso y la fiabilidad de la información producida”, reflexiona. Es decir, se ajustan a la perspectiva de cada agente que participa en el ciclo de vida del activo, desde que es un proyecto hasta que se construye y pasa su vida útil.
Seguir formándose actualmente, para este arquitecto y profesor del IFC, no es una opción, sino un requisito fundamental en muchos los aspectos de la vida. “Especialmente en cuanto a cómo afecta la tecnología a nuestra vida diaria. En lo profesional, no formarse es una mala decisión, que puede llegar a provocar nuestra exclusión en algunos proyectos”, concluye. Si quieres conocer más detalles sobre este curso o cualquier de los cinco módulos (de solo dos horas) que lo componen, solo tienes que clicar aquí.
